Consulta aquí qué es el manto ácido de la piel y por qué es tan importante tenerlo en cuenta a la hora de establecer nuestra rutina diaria del cuidado de la piel.
¿Sabías que la piel es el órgano más grande de tu cuerpo? De hecho supone entre el 5% y el 10% de nuestro peso corporal, además de ser de un grosor variable dependiendo de la zona.
Por ejemplo, seguro que habrás notado que cualquier herida en el rostro cicatriza mucho antes que si esta se hubiese producido en las piernas. Esto sucede porque la zona del rostro está mucho más vascularizada que las extremidades inferiores, por lo que la cicatrización se vuelve más rápida.
A pesar de ello, nuestra piel es muy sensible a los cambios, mucho más de lo que creemos. En cuanto alteramos la dieta, el clima en el que nos desenvolvemos o incluso el agua con la que limpiamos nuestro rostro, se altera causando imperfecciones debido precisamente a ese proceso de adaptación.
Aquí es donde entra en juego precisamente el manto ácido de la piel. ¿Qué es y qué funciones cumple esta barrera natural? Te lo contamos a continuación:
¿Qué es el manto ácido de la piel?
El manto ácido de la piel es una película que se encuentra en la superficie de nuestra dermis. Nuestra piel tiene una barrera denominada “barrera hidrolípica“, de tal manera que el manto ácido corresponde al medio acuoso a través del cual dicha barrera ejerce su función: actuar como primera línea de defensa ante las agresiones externas.
Este medio acuoso posee un montón de bacterias beneficiosas para nuestra piel, es esa película de agua que podemos notar a veces cuando pasamos los dedos por la frente o por las mejillas. Es lo de le da firmeza, elasticidad y la mantiene en equilibrio en todos sus procesos.
Ten en cuenta que este manto ácido, como bien señala la palabra, tiene un pH, al igual que el resto de zonas de nuestra piel. En el caso del rostro, su pH aproximado es el 5.5, ligeramente ácido (se considera ácido por debajo del valor 7).
¿Esto qué quiere decir? Que con ese pH tendremos una piel equilibrada y bien cuidada, ya que habrá una regulación perfecta de evaporación de agua de la dermis y convivencia de bacterias beneficiosas. De ahí su función barrera, las agresiones externas son fácilmente combatibles con un pH equilibrado y bien cuidado.
Para que veas mejor su importancia, hablemos de sus funciones.

Funciones del manto ácido de la piel
El manto ácido de la piel tiene una serie de labores dentro del ecosistema de este órgano tan grande que hacen que cumpla su objetivo de forma eficiente:
- Gracias a él, se forman las ceramidas, ácidos grasos, colesterol y, en definitiva, los lípidos encargados de hidratar la piel y mantener unidas las células de nuestra dermis.
- También es el encargado de inducir el proceso de descamación de la piel. ¿Esto es bueno? Sí, porque descamar significa que tu cuerpo se está deshaciendo de las células muertas, con lo cual favorece el proceso de regeneración de tu dermis. A modo de curiosidad, debes saber que pierdes aproximadamente un kilo y medio de piel al año.
- Mantiene en equilibrio los microorganismos que conviven con nosotros y son beneficiosos, al mismo tiempo que destruye aquellos que son nocivos. Este es uno de los motivos por los cuales la piel de tu rostro cicatriza antes que otras partes del cuerpo (externas).
Como ves, el manto ácido de la piel es el encargado de protegerla, ser la primera línea de defensa ante el exterior. Y como todo elemento que necesita equilibrio, también es algo que es muy fácil romper con factores como:
- maquillaje;
- contaminación;
- cambios hormonales;
- deshidratación;
- productos nocivos, etc.
Otro dato curioso es que, si bien el valor promedio de pH en la piel es 5.5, es variable en función del sexo y el tipo de piel. Un hombre, al producir más sebo, tiene un pH inferior al de una mujer. Aparte, las pieles grasas también tienen un pH más bajo que las pieles secas.
Por eso es tan importante mantener un correcto cuidado del rostro y conocer en todo momento qué tipo de piel tienes para poder tratarla como se merece y con un equilibrio óptimo. Los granitos, las rojeces, irritaciones o manchas no dejan de ser esos elementos externos que han desequilibrado nuestro pH.

¿Cómo mantener en equilibrio el manto ácido de la piel?
En realidad, si quieres tener una piel equilibrada y tu barrera hidrolípica en perfecto estado, basta con prestar atención a ciertos detalles:
- Lo primero, ten cuidado con los productos demasiado alcalinos, pues estos alteran profundamente el pH. El alcohol no es malo per se, pero en combinación con ciertos jabones o esencias puede tener un efecto adverso al que buscamos.
- No exfolies tu piel demasiado fuerte ni frecuentemente. Obviamente, depende también del tipo de piel que tengas (las pieles grasas necesitan más exfoliación que las pieles secas), pero la piel del rostro se rompe con facilidad y es vulnerable a las agresiones externas. Si vas a exfoliar, tiene que ser con movimientos circulares firmes, pero sin apretar en exceso. Con una vez al día (en caso de pieles grasas) o tres veces a la semana en caso de pieles secas es suficiente.
- Ni agua fría ni agua caliente: agua templada. Ambos extremos son excesivos, porque al final queman la piel en cierta medida. El agua templada en cambio es perfecta para que tu piel no sufra lo más mínimo.
- No te vayas a la cama sin haber limpiado tu piel primero. Tenemos la costumbre de lavarnos la cara solo por la mañana y nos vemos a lo largo del día sometidos a factores como el clima o la contaminación, además de determinados productos como el maquillaje. Si no los retiramos antes de dormir, empiezan a proliferar esas bacterias nocivas de las que hablábamos previamente y el manto ácido se desequilibra y pierde su función barrera. Por tanto: rutina de limpieza de noche y tu piel estará radiante al día siguiente.
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