Seguro que alguna vez te has plantado delante de una estantería llena de protectores solares sin tener muy claro cuál elegir. FPS 15, 30, 50… ¿qué significa realmente todo esto? Tranquilo, porque a continuación te explicamos de forma sencilla todo lo que necesitas saber para elegir el protector solar perfecto para ti, con el respaldo de las principales entidades dermatológicas.
¿Qué es el factor de protección solar?
Playa, sol, mar, arena, sombrilla, una revista, toalla, un par de chapuzones… suena bien, ¿verdad? Es lo que tiene el verano: te alegra el espíritu y te dan ganas de ponerte el bañador y salir a tostarte como una buena rebanada de pan.
Pero ojo, porque es precisamente en ese momento cuando debemos estar bien preparados frente a nuestro peor enemigo: los rayos UV o ultravioleta. Y ahí es donde entra en juego un buen protector solar, imprescindible para reducir el impacto de estos rayos sobre nuestra piel.
Ahora bien, hay un detalle importante que mucha gente pasa por alto: no todo el mundo entiende realmente cómo funciona el famoso FPS. De hecho, según la Skin Cancer Foundation, solo el 43% de las personas sabe interpretar correctamente este dato en la etiqueta de un protector solar. Así que vamos a ponerle remedio.
En general, todos sabemos que el FPS es ese numerito que aparece en cremas y lociones solares. Pero lo que no siempre está tan claro es lo que hay detrás: el FPS indica cuánto tiempo puedes estar al sol sin que tu piel empiece a dañarse en comparación con no llevar protección.
Y aquí viene el matiz clave: no significa que un FPS más alto sea una especie de “escudo total”, sino que te permite alargar el tiempo de exposición con protección. Eso sí, no es una licencia para olvidarte del protector durante horas.
Porque no, no basta con aplicarlo una sola vez y listo. Lo ideal es reaplicarlo con frecuencia, sobre todo si te bañas o sudas (que en verano suele ser lo habitual). El agua y el sudor van eliminando esa capa protectora poco a poco, así que conviene tener siempre el bote a mano y no confiarse.

¿Cómo puedes calcular el factor de protección solar idóneo para ti?
La respuesta corta sería: depende. Pero tranquilo, porque es más fácil de lo que parece.
Antes de nada, hay una pregunta clave que debes hacerte: ¿cuánto tiempo aguanta tu piel al sol sin quemarse y sin protección?
Aquí entra en juego tu tipo de piel o, dicho de otra forma, tu fototipo. No todas las pieles reaccionan igual al sol: las más claras tienden a quemarse mucho antes, mientras que las más oscuras aguantan algo más (aunque ojo, porque eso no significa que no sufran daños). ¿No tienes claro qué es el fototipo y cuál es el tuyo? No pasa nada, te lo explicamos y te dejamos un sencillo test para que lo tengas clarísimo.
Además, si te interesa el tema y quieres profunfizar todavía más, puedes echar un vistazo a la escala Fitzpatrick y aprender cómo se clasifican los distintos fototipos. Con esto, ¡te convertirás en todo un experto en la materia!
Volviendo al FPS… ¿cómo se calcula?
Aquí viene la parte sencilla. Solo tienes que multiplicar el tiempo que tu piel aguanta al sol sin quemarse por el FPS del protector que vas a usar.
Por ejemplo: Si tu piel aguanta unos 20 minutos al sol sin protección y utilizas un FPS 30, en teoría podrías estar hasta 600 minutos sin quemarte.
Suena bien, ¿verdad? Pues aquí viene el “pero”. Esto es un cálculo en condiciones de laboratorio, no en la vida real.
Factores que pueden alterar la duración del FPS
En el día a día, hay muchos factores que reducen esa protección:
- El sudor
- El agua
- El roce con la toalla o la ropa
- Y, por supuesto, la intensidad del sol (no es lo mismo a las 10:00 que a las 14:00)
Por eso, da igual el FPS que uses: es imprescindible reaplicar el protector cada dos horas, y siempre después de bañarte o sudar. Además, organismos como la AEMPS o la Fundación Piel Sana recomiendan algo muy básico pero muy efectivo: evitar las horas centrales del día, especialmente entre las 12:00 y las 16:00.
¿Qué FPS deberías elegir?
Aquí es donde mucha gente se lía, pero vamos a simplificarlo:
- FPS 15: Puede servir para el día a día si apenas te expones al sol. Aun así, se queda algo corto: bloquea alrededor del 93% de los rayos UVB.
- FPS 30: Es el estándar más recomendado. Protege aproximadamente el 97% de los rayos UVB y es una opción segura para la mayoría de personas.
- FPS 50: Sube un poco más la protección (alrededor del 98%) y es ideal si vas a pasar bastante tiempo al aire libre.
- FPS 50+: La diferencia con el 50 no es enorme, pero puede marcar la diferencia en pieles muy claras o especialmente sensibles.
Una vez tengas claro qué FPS necesitas, hay otro punto importante que no todo el mundo conoce: no todos los productos solares funcionan igual. Y aquí es donde entra la diferencia entre bloqueadores y protectores solares… ya que no todos los productos funcionan de la misma manera ni son igualmente adecuados para cada tipo de piel.

UVA y UVB: los rayos ultravioleta que afectan a tu piel
A la hora de elegir un protector solar, no todo es fijarse en el numerito del FPS. Hay otro detalle igual de importante (o incluso más): qué tipo de protección te ofrece. Porque sí, no todos los rayos solares son iguales. Y, en general, las cremas solares están pensadas para protegerte de dos tipos principales: los rayos UVA y los UVB.
- Los rayos UVA: son los más silenciosos… y también los más traicioneros. Representan aproximadamente el 95% de la radiación ultravioleta que llega a la Tierra y tienen la capacidad de atravesarlo prácticamente todo: nubes, cristales e incluso las capas más superficiales de la piel. No provocan dolor inmediato, así que pasan desapercibidos, pero actúan en profundidad. Son los responsables del envejecimiento prematuro, de muchas manchas y de esa pérdida de elasticidad que aparece con el tiempo.
- Los rayos UVB: son los culpables del enrojecimiento, de las quemaduras y de ese “me he pasado con el sol” que todos hemos sufrido alguna vez. Aunque representan un porcentaje mucho menor, tienen un impacto muy directo en la piel y están estrechamente relacionados con el desarrollo del cáncer cutáneo, el tipo de cancer más frecuente en el mundo.
Por eso, la clave está en no elegir cualquier producto, sino apostar siempre por un protector de amplio espectro, es decir, que te proteja frente a ambos tipos de radiación.
Y no solo eso: los dermatólogos insisten en que la protección eficaz no depende únicamente de la crema. También importa reducir la exposición en las horas centrales del día y apoyarse en barreras físicas como ropa, sombreros o gafas de sol.
Y recuerda que la protección solar no termina cuando te secas la toalla: una vez que termina la jornada al sol, el cuidado de la piel continúa. Descubre qué es mejor para después del sol, after sun o aloe vera, dos opciones con propiedades bien distintas para recuperar la piel tras la exposición.
Un error muy común: pensar que más FPS es protección infinita
Aquí viene uno de los fallos más habituales. Usar un FPS alto puede dar una sensación de “voy protegido al máximo”, y eso hace que muchas personas se confíen: pasan más tiempo al sol, no reaplican la crema y se olvidan de buscar sombra.
¿El problema? Que al final acaban recibiendo más radiación de la que deberían.
Porque no, no existe la protección total. La clave no está solo en elegir un buen FPS, sino en usarlo bien:
- Aplicar una cantidad generosa
- Cubrir todas las zonas expuestas (sí, también orejas, cuello o empeines)
- Y reaplicar cada hora y media o dos horas
Al final, hay algo que conviene no olvidar: el daño solar es acumulativo. Y aunque no lo veas hoy, la piel tiene memoria.
Protección solar: todos los días, no solo en la playa
Otro clásico: pensar que el protector solar es solo para vacaciones.
Pero la realidad es otra muy distinta. La exposición al sol ocurre todos los días: caminando por la calle, conduciendo, sentado junto a una ventana o tomando algo en una terraza. Y aunque no haga calor o esté nublado, los rayos UV siguen ahí.
Por eso, cada vez más especialistas insisten en lo mismo: la protección solar debería formar parte de tu rutina diaria, igual que lavarte la cara o hidratarte la piel.
Y no es solo por evitar quemaduras. A largo plazo, una exposición sin protección está detrás de problemas muy comunes como las manchas, el envejecimiento prematuro o la pérdida de uniformidad en la piel. Si, como yo, eres de los que empieza a ver los efectos del sol en forma de manchas en la piel, aprende a tratarlas con consejos y productos que funcionan y así reducirlas visiblemente.
Ahora que ya lo sabes, protege tu piel como se merece
Después de todo esto, está claro: elegir bien tu protector solar y usarlo correctamente no es un detalle menor, es una inversión directa en la salud de tu piel.
En Sam Parfums trabajamos con algunas de las mejores marcas del mercado para ofrecerte una selección de protectores solares, para propteger las diferentes zonas del cuerpo: cara, cuello y escote y cuerpo. Si quieres descubrir cuáles son las que más nos gustan, hemos seleccionado los mejores protectores solares para este verano.
Así que, si este verano quieres disfrutar del sol sin sustos, ya sabes por dónde empezar: elige bien tu crema… ¡y no te olvides de usarla!
